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México y la necesidad de una Política Nacional de Defensa

By admin on marzo 15, 2016

Hacia principios de 2013, cuando la actual administración entraba de lleno a su primer año de labores, el Presidente Enrique Peña instruyó a las fuerzas armadas a elaborar una Política Nacional de Defensa. Si bien para algunos no fue noticia, lo cierto es que el mensaje presidencial era por demás trascendente: México, un país cuya economía se acerca a las 10 más grandes del mundo, con una población de 120 millones de habitantes y una potencia exportadora en crecimiento, jamás había definido una política o doctrina en materia de defensa exterior.

En este sentido, si bien las fuerzas armadas habían incorporado a sus programas de posgrado la discusión en materia de política estratégica de defensa, lo cierto es que a la fecha dichas discusiones no habían evolucionado al nivel de plan, programa o política pública.

Además de instruir a la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina a desarrollar dicha política, también se ordenó revisar el Plan Militar de Defensa Nacional Conjunto, documento operativo rector que define las líneas estratégicas, operacionales y tácticas en caso de un enfrentamiento militar convencional contra una nación extranjera.  

Ambos documentos, tanto la Política Nacional de Defensa como el Plan de Defensa Conjunto son, al día de hoy, desconocidos.

Pudiese argumentarse que la naturaleza de dichos documentos reviste de un nivel de confidencialidad que obliga a mantenerlos en reserva, en aras de garantizar la seguridad nacional.

Lo anterior puede sostenerse en el caso del Plan de Defensa Conjunto, pues el mismo define acciones específicas y medios militares, políticos y diplomáticos a nivel operacional y táctico; pero ello no aplica para el caso de la Política Nacional de Defensa, dado que se trata de un ejercicio doctrinal de corte estratégico.

De hecho, es práctica común en las democracias occidentales e incluso en países con sistemas políticos cerrados, la publicación de sus estrategias nacionales de defensa, libros blancos o revisiones estratégicas multianuales.

En América Latina, el Ministerio de Defensa Argentino publicó en 2015 su Libro Blanco, disponible en español, inglés y portugués, después de un ejercicio de discusión pública entre sus fuerzas armadas, la academia y la sociedad civil.

Por su parte, el Perú también publicó un libro blanco de defensa donde se hace un extensivo análisis de los factores geopolíticos, sociales, económicos y políticos que definen la visión operacional de sus fuerzas armadas.

Brasil, principal economía latinoamericana con una larga trayectoria en materia de discusión geopolítica y de defensa, dispone de un andamiaje doctrinal bastante completo que va desde una Política Nacional de Defensa (directrices generales y conceptos doctrinales), una Estrategia Nacional de Defensa (metas puntuales) y un Libro Blanco (conceptos operacionales susceptibles de adaptación a los escenarios cambiantes).

Sobra decir que la propia Organización de Estados Americanos, a través de su Comisión de Seguridad Hemisférica, ha dispuesto una serie de directrices generales para que sus estados miembro desarrollen, consoliden y compartan sus políticas, programas, estrategias y libros blancos en materia de defensa nacional.

Dentro de estas directrices, y en consonancia con las mejores prácticas internacionales, se exalta el carácter democrático, deliberativo y abierto en los procesos de definición de las políticas de defensa.

Por lo anterior, resulta fundamental que cualquier país que se encuentre en proceso de definición o revisión de su política de defensa, se fundamente en dos condiciones vitales:

1.       Una decisión política al más alto nivel (Jefatura de Estado) de compromiso con dicho proceso.

2.       Una estructura de defensa eficiente capaz de conjuntar la visión de la academia y la sociedad civil con la realidad operacional de cada una de las fuerzas armadas (a decir, Ejército, Fuerza Aérea y Marina).

 

En el caso de México -desde la instrucción presidencial de 2013 a la fecha- se advierte un proceso de indecisión política en la materia, mismo que pudiese estar frenando la definición y publicación de la Política Nacional de Defensa.

Sin embargo, aun existiendo una total voluntad presidencial, lo cierto es que la estructura de defensa sui géneris en México no abonaría hacia la consecución del objetivo.

Nos referimos a la coexistencia de dos ministerios de defensa paralelos, cada uno de los cuales posee sus medios estratégicos, operacionales y tácticos diferenciados, sin un comando conjunto que funja de ente coordinador.

Lo anterior es una condición particular de México, que ha sido abordada por prominentes académicos en la materia e incluso por sendos análisis al interior de las fuerzas armadas.

De hecho, una verdadera política de defensa en nuestro país debiese incluir, como uno de sus objetivos estratégicos, la reestructuración de las fuerzas armadas bajo un mismo andamiaje político-administrativo (un sólo ministerio de defensa), dejando las actividades propias de cada institución al marco de su competencia, bajo el paraguas de un Comando Operacional Conjunto.

Quizás porque la creación de la política de defensa pasa necesariamente por abordar este reto mayúsculo, no se haya avanzado más en la materia.

 

A dos años de culminar la presente administración, advertimos el riesgo de perder la oportunidad histórica de definir una política nacional de defensa acorde al escenario geopolítico internacional, donde México busca jugar un papel más activo.

En este sentido, academia y organismos sociales especializados (de los que hay pocos en nuestro país) pudiesen incidir positivamente en el avance de esta tarea, trabajando de la mano de las fuerzas armadas, ávidas de encontrar un andamiaje doctrinal, político y legal que les dé certeza de cara a los retos del siglo XXI.

 

PD. La discusión sobre la necesidad de reestructurar a las fuerzas armadas en un sólo ministerio de defensa no es privativa de la sociedad civil o la academia en México. Por ejemplo, es común encontrar en publicaciones del Centro de Estudios Superiores Navales importantes ensayos y trabajos de investigación donde se aborda abiertamente el tema.  Lo cierto es que dicha discusión no ha logrado encontrar eco hacia fuera de las fuerzas armadas y, hay que decirlo, ha pasado incomprendida al interior del poder político.

 

PD2. Es importante la lectura del Programa de Seguridad Nacional 2014-2018, donde en su página 60 se esbozan las directrices generales de lo que sería una Política Nacional de Defensa. Desgraciadamente, pareciera que a partir de la elaboración de dicho Programa de Seguridad Nacional, el esfuerzo institucional por avanzar más en la definición de los conceptos doctrinales en defensa se quedó corto.

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