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La Ventosa, Oaxaca. Proyectos y sustentabilidad social.

By admin on septiembre 7, 2012

Hace algunos años –no más de cinco- la región conocida como “la Ventosa”, en la zona oaxaqueña del Istmo de Tehuantepec, era el reflejo típico del atraso en el que viven buena parte de las comunidades del sureste del país: desconexión de los centros urbanos de importancia, pobreza estructural con un incipiente desarrollo económico y, quizás lo peor de todo, familias enteras sin una perspectiva clara hacia el futuro.

Lo único que había, en abundancia, era viento. Mucho viento. Y alguien se dio cuenta.

Algunos días atrás tuvimos la oportunidad de visitar la Ventosa y palpar de frente el cambio profundo que están viviendo las comunidades de la región, de la mano de  una serie de proyectos de generación de energía eólica por parte de empresas como Acciona, Iberdrola, CEMEX o la propia Comisión Federal de Electricidad.

Cientos de aerogeneradores dominan el paisaje en La Ventosa

Cientos de aerogeneradores dominan el paisaje en La Ventosa

Las condiciones de viento dominante hacen de la Ventosa una región ideal para este tipo de inversiones, de tal suerte que actualmente existen más de 700 aerogeneradores en operación y algunos cientos más que habrán de instalarse en el mediano plazo.

A pocos años de la llegada del primer parque eólico, el impacto en ciudades como Juchitán o Tehuantepec es evidente: los jóvenes tienen más opciones de educación superior, la llegada de personal especializado ha traído consigo una mejora en servicios como televisión por cable o internet, y aunque este tipo de “industria” es poco intensiva en mano de obra, sin duda hoy existen mayores oportunidades de empleo en las empresas que dan servicios de soporte a los parques.

Pero no todo es necesariamente positivo.

De hecho, persisten condiciones sociales y políticas que impiden un mayor desarrollo económico en la zona.

Una de esas condiciones es el perfil jurídico de la propiedad de la tierra -en su mayor parte de tipo ejidal- que termina por afectar la independencia de los campesinos en cuanto a lo que pueden –o no- decidir sobre sus parcelas.

En muchos casos, son los “líderes” políticos de los ejidos –o de fuera- quienes controlan el monopolio de las negociaciones, dejando a los ejidatarios en un segundo o tercer plano.

Son precisamente estos liderazgos informales quienes impiden una mayor competencia en la oferta de servicios hacia los parques eólicos. Es común que un cacique regional amenace con movilizar sus “bases de apoyo” si los inversionistas no contratan sus servicios de, por ejemplo, transporte de personal o material.

Al final, no son únicamente las grandes empresas quienes pierden, sino los pobladores de la zona. Son estos últimos quienes ven imposibilitada su capacidad de libre organización, innovación y, al final de cuentas, de trabajo.

Otro de los problemas que han comenzado a surgir en la región tiene que ver con la poca o nula cultura de ahorro de los pobladores, quienes al recibir un suma de dinero por el uso de sus parcelas para la instalación de los aerogeneradores, suelen gastarlo todo en bienes de consumo inmediato o incluso perderlo en apuestas o alcohol.

¿Cómo se puede transformar esta situación? ¿Cómo se logra incentivar a la población a modificar sus patrones de ahorro y consumo a favor de sus familias? ¿Cómo se puede destrabar la competencia local en la oferta de servicios ante la concentración caciquil?

Sin duda, son preguntas cuya respuesta radica en la transformación estructural de las comunidades, sustentada en instituciones incluyentes de tipo educativo y social que ofrezcan incentivos –sobretodo- a las nuevas generaciones.

Algunos de los parques han comenzado a invertir en obras de impacto social tales como escuelas de educación técnica o centros de desarrollo comunitario, que enseñan habilidades comerciales y de producción a jóvenes y señoras.

Estas inversiones generarán frutos hacia el mediano y largo plazos, pues están enfocadas a ofrecer nuevos horizontes a la población local.

Sin duda, los frutos se verán en el largo plazo, pero desde ya es fundamental diseñar estrategias de intervención y apoyo social que no sólo impacten positivamente en la imagen de las empresas, sino que sientan las bases para una relación más justa entre los pobladores, sus autoridades y los inversionistas.

Alinear los programas de acción social con la agenda de mitigación y prevención de riesgos, es clave para garantizar la sustentabilidad de las inversiones en el mediano y largo plazos.

Al final, no se trata de “blindar la operación de los negocios”, sino crear “condiciones de negocio” donde sociedad y empresa consoliden una relación de mutuo beneficio.

Eso es lo que hacemos en Risköp.

Eso es lo que hace falta en lugares como la Ventosa, Oaxaca.

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