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Consideraciones post-electorales

By admin on junio 9, 2015

Los agentes disruptivos triunfaron en México. Morena, El Bronco, Kumamoto, Clouthier; de paso, beneficiaron al PAN, MC y PES. Un ejemplo claro es Nuevo León, donde hubo un triunfo aplastante del candidato independiente y donde el PAN robó la mayoría al PRI ¿a qué se debe entonces que el candidato del PAN haya quedado en 3er lugar? A que el voto en esta ocasión, fue uno de descontento hacia las fuerzas que forjan las aristas del sistema por lo que la falta de una plataforma independiente bien cohesionada resultó en un voto cruzado Bronco – PAN. Además, muchos priistas molestos con las estructuras del partido en Nuevo León (uno de los más herméticos a mi gusto) cruzaron también su voto: PRI-Bronco.

La poca cohesión que se vio en la creación de un frente amplio independiente en Nuevo León es similar en el resto del país, donde en realidad fueron escasas las plataformas disruptivas, pero donde las hubo, estas obtuvieron, en su mayor parte, triunfos. En otros lados, el voto de castigo se manifestó en la alternancia (5 de 9 estados cambiaron de color) y beneficiando a partidos contrarios al de sus respectivos gobiernos y algunos de los nuevos pequeños.

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En el Congreso, parecería que las cosas quedaron igual pero decir que el PRI y el Verde ganaron es como Roma tratando de salvar cara después de su primer saqueo: sigue ahí, sigue siendo importante, pero lo es cada vez menos. Los signos débiles comienzan a presentar un panorama cambiante donde Morena fue el principal ganador, obteniendo casi la misma votación que el PRD. Pros: habrá de nuevo una voz unida y fuerte haciendo crítica al gobierno; contras: en general será una crítica destructiva, con miras al sabotaje, además, Morena tiene fuertes vínculos con movimientos anti sistémicos, especialmente en Guerrero, Oaxaca y Chiapas. El PAN mostró su falta de colmillo, mientras el PRD que una institución que no se renueva y no sabe reconocer cuando hay que incluir nuevos liderazgos, fracasa.

A partir de esta elección, hay tres ideas que destacan:

  • Habrá un cambio de prioridades en cuanto a los temas que se tocan en la agenda pública: habrá un eco mayor en las estructuras del gobierno al reclamo ciudadano en contra de la corrupción así como en temas dejados de lado que comenzarán a (re)surgir (movilidad urbana o reforma electoral).
  • El gobierno sí tiene la capacidad de hacerse valer ya sea a través de la negociación o del uso legítimo de la fuerza. Las elecciones en Guerrero y Oaxaca lo demuestran y sería hora de que al gabinete le deje de temblar la mano en el impulso de políticas y proyectos estratégicos (como la reforma educativa).
  • La democracia mexicana y su electorado están cambiando: lo que vivimos esta jornada es producto de las reformas impulsadas a partir del triunfo de Salinas en el 88, el fuerte impulso que tuvo Colosio, el triunfo de Fox, del PRD en el DF, la presencia de AMLO, etc., etc. Estamos viviendo nuevas fórmulas y reacomodos que parecen indicar el desarrollo de un modelo propio. El presidencialismo ya no funciona, los virreinatos de gobernadores tampoco. Mientras, en Nuevo León, habrá un nuevo experimento. El electorado determinante cada vez proviene más de los jóvenes y de quienes tienen acceso a la educación. Los medios de comunicación masivos ceden su terreno a las redes sociales. Queda la pregunta: ¿cambiarán los partidos al ritmo del electorado?

Lo que sucede en México es único a nivel mundial. En España o en Grecia las opciones diferentes que se han alzado con triunfos son partidistas y poseen la ceguera de taller primermundista: sus propuestas se orientan más hacia cumplir con demandas específicas de la población que hacia un cambio de modelo (lo cual también es altamente influenciado por su pertenencia a la UE).

Aquí, lo que parece buscarse es incluir más a la ciudadanía en el proceso de construcción de la política pública. Ojo: este proceso es indirecto, si bien las redes sociales permitirán el desarrollo de canales bidireccionales, esto no se traducirá en el gobernante preguntando directamente a los ciudadanos, si no en el posicionamiento de nuevas élites, mucho menos viciadas en el gobierno, que permitirán la canalización de nuevas voces.

Aunque en suma México sigue estando caracterizado por instituciones políticas extractivas, acaba de obtener una buena dosis de inclusividad que lo pueden llevar a una transformación crucial, de mediano plazo, que lo habilitarían para poder enfrentar los retos que depara la mitad de este siglo.

 

Khublai Villafuerte

Consultor en Inteligencia de Riesgo-Entorno

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